Historia del Monasterio de San Martín de Albelda
Fundación
El Monasterio de San Martín fue fundado hacia el 924 d.C. por el monarca navarro Sancho Garcés I y su esposa Toda, tras la conquista de Nájera y Viguera al ejército musulmán.
Su objetivo era doble: servir como centro religioso y cultural y hacer las labores de repoblación y colonización del territorio. Para ello, el monarca le asigna la zona circundante, adjudicándole el derecho de cobrar tributos (el diezmo), parte de los cuales irán a parar al Rey y otra parte sirve al sustento de los monjes, permitiéndoles ejercer su labor pastoral, cultural y administrativa.
Los monjes que vienen a ocuparlo, en número de doscientos según el documento fundacional, provienen del valle de Cárdenas y otros probablemente ya ocupaban las cuevas de la localidad. La iglesia fue consagrada en el año 947.

Periodo de Esplendor
Durante la segunda mitad del siglo X y todo el siglo XI, el Monasterio de San Martín se convirtió en uno de los más importantes de la España cristiana, rivalizando con su homólogo de San Millán. Recibió múltiples donaciones de tierras y bienes, extendiendo su poder por toda La Rioja.
En su scriptorium se creó y desarrolló la más importante escuela de amanuenses de la época, impulsada por el abad Salvo, y cuyo exponente principal fue el escriba Vigila, autor, junto a su socio Sarracino y su discípulo García, del archifamoso Códice Albeldense.
Decadencia
La rivalidad de San Millán y Santa María la Real de Nájera, junto al relevo del poder navarro por el castellano harían decrecer poco a poco el poderío de Albelda. Tampoco ayudó su asignación civil al nuevo señorío de Cameros, más propenso al vecino Monasterio de San Prudencio del monte Laturce, en el actual Clavijo.
Una catastrófica decisión, el canje de los diezmos por el Monasterio de Valcuerna de Logroño, acabó enterrando en la ruina al monasterio, que acabó convirtiéndose en colegiata (dependiente) de la catedral de La Redonda.

Desaparición
Hacia el final del siglo XVII, un derrumbe de la peña Salagona, situada justo detrás, provocó el colapso de buena parte del monasterio. En su lugar el arquitecto Raona construyó una nueva iglesia que perduró hasta los años setenta del pasado siglo.
